Digamos que la propuesta de la Junta le ahorraría a la UPR diez millones. En repetidas ocasiones, representantes de la administración universitaria han indicado que el cierre acarrea pérdidas equivalentes a un millón diario. Esto solamente en Rio Piedras y solamente en la Universidad, sin contar los gastos adicionales de, por ejemplo, policías estatales para “vigilar” a los muchachos. ¿De modo que con tal de ahorrarse diez millones anuales, están dispuestos a perder, como mínimo, sesenta? ¿Y por qué la obsesión con esos diez millones, cuando la insuficiencia económica presupuestaria proyectada para el próximo año es de 134 millones, según la OGP? ¿Qué sorpresas nos tendrá la Junta para los otros 124 millones que faltan?
La única explicación para el comportamiento de la Junta es que han claudicado su rol de custodios del patrimonio académico, del capital cultural del país, e incluso de la muy cacareada salud fiscal de la UPR, para convertirse en portavoces de una postura ideológica, tan ideológica, o más, como la de los muchachos que hace un par de días alegremente cambiaban la bandera pecosa por la monoestrellada. La ideología de la medicina amarga, del shock and awe, del quitarle fuerzas a la inversión pública. La ideología del sálvese quien pueda, porque el mundo es del capital y el conocimiento no es una prioridad para el estado. La ideología que tanto le ha costado a América Latina y al mundo. Como dice Galeano: En momentos como éste, cuando esta Latinoamérica nuestra sufre, con el resto del mundo, las consecuencias nefastas del desplome de la avaricia del capitalismo salvaje, hoy más que nunca, no nos podemos dar el lujo de darle la espalda a nuestros estudiantes.



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